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viernes, 3 de noviembre de 2023

NUESTROS DIFUNTOS...

 



LA MEMORIA DE LOS DIFUNTOS             (Por GIANCARLO PANI)

Ante tal desolación, el hombre está llamado a interrogarse sobre el sentido de la vida y, al mismo tiempo, sobre el sentido del fin. El creyente, aunque iluminado por la esperanza de la resurrección, no sabe nada de lo que le espera una vez que cruce el umbral del más allá. Sólo le sostiene una certeza, expresada con gran eficacia por Juan de la Cruz:

«Lo que sucederá al otro lado cuando para mí todo se vuelva hacia la eternidad, no lo sé.

Creo; sólo creo que me espera un Amor.

Sólo sé que entonces, pobre y desahogado, tendré que hacer balance de mi vida. Pero no desespero, porque creo, realmente creo que me espera un Amor».

La fe en este Amor no puede dejar de orientar nuestra vida al amor, al seguimiento de Jesús, que vivió en el amor y por amor afrontó la muerte.

Para entrar en la vida que el Señor nos da, debemos pasar por el «morir»: como Él y con Él.

Jesús comparte la misma suerte que nosotros y muere como nosotros, aunque su muerte es distinta: para nosotros es consecuencia de ser criaturas y del pecado, para él en cambio es una «entrega» (Gal 2,20; Ef 5,2), un «darse a sí mismo» por nuestra salvación (cfr. Jn 19,30). Para que no se pierda ninguno de los que el Padre le ha confiado y lo resucite en el último día (cfr. Jn 6,39).

En esta perspectiva, la Iglesia nos invita a rezar por los difuntos. En cada celebración de la Misa, la Iglesia invoca el perdón divino: «Acuérdate también de nuestros hermanos que se durmieron con la esperanza de la resurrección y de todos los que han muerto en tu misericordia; admítelos a contemplar la luz de tu rostro»[4]. A partir del siglo X, la oración se eleva el día después de la fiesta de Todos los Santos: en la celebración solemne, el sacerdote recuerda, además de aquellos por quienes se ofrece la misa, a todos los difuntos cuya fe ha conocido el Señor. De este modo, se nos invita a rezar por nuestros seres queridos y por aquellos en los que nadie piensa ni reza.

El Nuevo Testamento afirma que el encuentro con Dios implica un juicio final sobre la persona y sobre la historia, donde el juez es Jesús y la norma del juicio es la relación personal con Él. En la parábola del juicio del Evangelio de Mateo, el Señor declara: «Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo» (Mt 25,40). Se trata de los hambrientos, los sedientos, los excluidos, los enfermos, los encarcelados, los necesitados de ayuda: cada «hermano pequeño» representa el rostro del Señor.

En la celebración de la Misa y en el «Ave María» pedimos que la hora de nuestra muerte nos encuentre en condiciones de recibir el perdón divino y de acoger el amor de Aquel que se hizo hombre para salvarnos y murió y resucitó por nosotros. La última palabra de la vida, y de nuestra historia, no es, pues, la muerte, sino una existencia nueva, como resucitados, en comunión con el Señor Jesús.

 


martes, 19 de septiembre de 2023

STABAT MATER

 

Los días más adecuados para recitarla y meditarla son el Viernes de Dolores, el día de la exaltación de la Santa Cruz , 14 de septiembre, y el día de nuestra Señora de los Dolores, 15 de septiembre.

Traducción de Lope de Vega del Stabat Mater

La Madre piadosa estaba

junto a la cruz y lloraba

mientras el Hijo pendía;
cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo;
porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea;
porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio;
porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén;
porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria.

Amén.


Stabat Mater (traducido del latín significa “Estaba la madre”) es un himno católico del siglo XIII atribuído al fraile franciscano Jacopone da Todi. Esta plegaria, que comienza con las palabras Stabat Mater dolorosa (estaba la Madre sufriendo), medita sobre el sufrimiento de María, la Madre de Jesús, durante la crucifixión de Éste.

Stabat Mater es una de las composiciones literarias a la que más se le ha puesto música; cerca de 200 compositores diferentes. Múltiples compositores de distintas épocas, de género, de estilos y de visión musical han compuesto en base a este texto medieval. Entre los Compositores se cuentan Rossini, Franz Liszt, Krzysztof Penderecki, Giovanni Pierluigi da Palestrina, Francis Poulenc, Domenico Scarlatti, Antonio Vivaldi, Alessandro Scarlatti y Antonín Dvorák, siendo el más famoso el de Pergolesi.

jueves, 10 de agosto de 2023

DIA DEL DIACONO PERMANENTE

 

           10 DE AGOSTO SAN LORENZO          

 Diacono y Mártir

  ORACION

 Dios y Padre Nuestro,
Fortalece con la gracia del Espíritu Santo
A todos los Diáconos de tu Iglesia,
para que desempeñen con alegría,
fidelidad y en espíritu de comunión eclesial
su ministerio pastoral,
siguiendo los pasos de tu Hijo Jesucristo,
"que no vino a ser servido, sino a servir y
dar su vida en redención de la humanidad"

Te pedimos por las familias de los diáconos casados,
para que sean auténticas "Iglesias domésticas",
según el ejemplo de la Sagrada Familia de Nazaret,
y de ella surjan vocaciones sacerdotales y religiosas.

¡Virgen María, Madre de la Iglesia
y Reina de los Apóstoles,
ruega por los ministros del Señor!
¡San Lorenzo, diácono y mártir,
ruega por los diáconos servidores del pueblo de Dios!

Amén. 


martes, 25 de julio de 2023

FIESTA DE SANTIAGO APÓSTOL

 


Hoy 25 de julio es la fiesta del Apóstol Santiago, patrono de España. Por él llega la evangelización a la península Ibérica, para luego llegar a nosotros, a partir del descubrimiento de América...

Seguramente Santiago, con las penurias que paso en esas tierras tan lejanas, que era para ese entonces el confín del mundo, que lo llevo a casi claudicar, pero allí se hizo presente la Madre del Señor, en su primer aparición, (en la advocación de la Virgen del Pilar) que aun estando en vida, lo animo a no bajar los brazos y seguir en la importante tarea evangelizadora.  

Santiago, apodado por el Señor como uno de los hijos del trueno, por ser muy luchador , de un genio impulsivo e impetuoso, a través del Espíritu Santo, se fue moldeando su carácter, hasta llegar con su palabra a todos los corazones, siendo guía y modelo del actuar cristiano, como lo refleja su carta...

Entre uno de los pasajes del evangelio, hoy destaca la Liturgia, la respuesta de Jesús ante el pedido de la madre de los Zebedeos y la reacción  de los Discípulos...
  "Ustedes saben que los jefes de las naciones dominan sobre ellas y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero que se haga su esclavo:
como el Hijo del hombre, que no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud".

lunes, 3 de julio de 2023

3 de Julio - SANTO TOMAS APOSTOL

 


VER PARA CREER...

«Si no veo la marca de los clavos en sus manos, si no pongo el dedo en el lugar de los clavos y la mano en su costado, no lo creeré.»...

No vamos a criticar al pobre Tomás, pero su incredulidad se transforma para nosotros en oportunidad para aprender qué es la fe, a confiar y creer en esta realidad de que Jesús está vivo realmente entre nosotros. Aunque no veamos a Jesús con nuestros ojos, el testimonio de que otros lo hayan visto debería bastarnos para creer, el testimonio del cambio de sus vidas. Y, de hecho, nos basta para creer, porque ni vos ni yo lo vimos pero vos y yo creemos. Hoy somos millones los que creemos en Jesús y lo fueron a lo largo de la historia. Sin embargo, solo unos pocos lo vieron con sus propios ojos y lo tocaron con sus manos.

¡Qué locura!, ¿no? ¿Te pusiste a pensar en eso alguna vez? ¿Cuántos corazones fueron y son felices en esta tierra por haber creído sin ver? Incontables. Está bueno que nos preguntemos todos: ¿soy feliz por creer sin ver o sigo desafiando a Jesús para que se me presente en vivo y en directo? ¿Somos felices de creer en alguien que jamás vimos pero que nos habla al corazón, que nos consuela como nadie, que nos guía en el silencio y que nos anima a no bajar nunca los brazos, que nos da la fuerza para amar cada día?

No sigamos buscando porqué a tantos porqués de nuestras vidas. ¿A qué me refiero? Me refiero a que ya está. Seguro que vos y yo ya sabemos que Jesús está, ya lo experimentamos. No le demos más vueltas. Los muchos porqués hay que dejarlos para la ciencia y son necesarios, pero ese es otro tema. Jesús está siempre en nuestra vida y que, está en miles de personas, nos dé hoy la fuerza para seguir creyendo y amando. Que nos ayude a seguir luchando para darnos cuenta de su presencia.

Todos podemos tener dudas. Todos pudimos desafiar alguna vez a Jesús como lo hizo Tomás, pero también todos podemos ser más confiados. Todos podemos dejar de cuestionar tanto. «En adelante no seamos incrédulos, sino hombres de fe». Hoy hablemos como Tomás y en algún Sagrario de este mundo, o si no, en el corazón, donde está Jesús, digámosle con fe y alegría: «¡Señor mío y Dios mío!» «¡Señor mío y Dios mío!».

(Extraido de Algo del Evangelio)

domingo, 28 de mayo de 2023

PENTECOSTES


San Lucas, en este libro de los hechos, nos presenta la llegada del Espiritu Santo como el nacimiento de nuestra querida Iglesia. Porque a partir de ese momento, no se podra pensar que es una obra humana ya que los Apostoles actuaran solo bajo la guia y direccion del Espiritu de Dios, como instrumentos de su voluntad. El Espiritu Santo , es el elemento nuevo que entra en la comunidad, como su principio vital y como tal, permanecerá hasta hoy día...

Entrada al Cenaculo. El primer piso fué testigo de dos momentos importantes de nuestra Iglesia...La última cena y la llegada del Espíritu Santo!!!


Interior del Cenaculo, reconstruido en el siglo XIV, pero algunas partes de los muros externos, se conservan de la época romana, osea de la época de Jesús...


Envía tu Espíritu Señor,
y repuebla la faz de la tierra


Bendice, alma mía, al Señor:
¡Dios mío, qué grande eres!
Cuántas son tus obras, Señor;
la tierra está llena de tus criaturas. 

Les retiras el aliento, y expiran
y vuelven a ser polvo;
envías tu espíritu, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. 

Gloria a Dios para siempre,
goce el Señor con sus obras;
que le sea agradable mi poema,
y yo me alegraré con el Señor
Amén 



miércoles, 3 de mayo de 2023

MIERCOLES 3 DE MAYO- SANTOS FELIPE Y SANTIAGO

 


Hoy, 3 de mayo, la Iglesia recuerda a los santos Apóstoles Felipe y Santiago, quienes formaron parte del grupo de discípulos más cercanos a Jesús. Ambos coronaron sus vidas, dedicadas al anuncio de la Buena Nueva, a través del martirio. Ese fue el signo de su fidelidad absoluta al Maestro, Jesús de Nazaret.

Felipe

Felipe nació en Betsaida y, antes de seguir a Jesús, fue discípulo de Juan el Bautista. Fue uno de los primeros llamados por el Señor.

Después de la Ascensión, junto al resto de Apóstoles y la Virgen María, Felipe recibió el Espíritu Santo en Pentecostés. Posteriormente partió a la región de Frigia (ubicada hoy entre Turquía, Hungría, Ucrania y el este de Rusia) para anunciar la Buena Noticia a las gentes de esas tierras.

San Felipe murió apedreado y crucificado en Hierápolis. En el siglo VI sus reliquias fueron llevadas a Roma y colocadas en la Basílica de los Doce Apóstoles. Antiguamente el martirologio romano celebraba su fiesta el 1° de mayo, pero esta se desplazó al día tercero del mes.

Santiago

En la Escritura Santiago recibe el sobrenombre de “el Hijo de Alfeo”. También se le conoce como “el primo del Señor”, porque su madre era pariente de la Virgen María. A él se le atribuye la autoría de la primera epístola católica. En esta se encuentra consignado uno de los principios más importantes de la vida cristiana: “La fe, sin obras, está muerta”.

En los Hechos de los Apóstoles se le describe como un personaje muy querido de la Iglesia de Jerusalén, a quien se le llamaba con frecuencia “el obispo”. San Pablo lo menciona en su Carta a los Gálatas, poniéndolo al lado de San Pedro y San Juan. Además, el Apóstol de Gentes comenta que después de su conversión quiso ver a Pedro, pero no encontró en la ciudad a ningún discípulo sino a Santiago. En su última visita a Jerusalén, Santiago fue directamente a su casa -la casa de Santiago-, donde se reunió con todos los jefes de la Iglesia de Jerusalén (Hch 21,15).

A veces se designa a Santiago como “el que intercede por el pueblo”. Según la tradición, este Apóstol recibe este sobrenombre debido a que oraba siempre pidiendo perdón a Dios por los pecados de su pueblo.

La misma tradición conserva el relato de un episodio en el que Santiago fue causa de escándalo entre fariseos y escribas. El Sumo Sacerdote Anás II, aprovechando la concurrencia que se presentaba en la fiesta judía, lo interpeló diciendo: “Te rogamos que, ya que el pueblo siente por ti gran admiración, te presentes ante la multitud y les digas que Jesús no es el Mesías o Redentor”. Ante este pedido, Santiago respondió: “Jesús es el enviado de Dios para salvación de los que quieran salvarse. Y lo veremos un día sobre las nubes, sentado a la derecha de Dios".

Entonces los sumos sacerdotes -enfurecidos por su respuesta ya que temían que los judíos se convirtieran al cristianismo- mandaron capturar a Santiago y lo llevaron a la parte más alta del templo. Desde allí lo echaron hacia el precipicio. El Apóstol cayó de rodillas y murió mientras repetía las palabras de Cristo: “Padre Dios, te ruego que los perdones, porque no saben lo que hacen".

                                                                                                                           (extraido de:aciprensa.com)

ORACIÓN

Señor: Te pedimos por la intercesión de los Santos Felipe y Santiago, Apóstoles y Mártires, nos concedas la Gracia de vivir esta vida terrena, caminando siempre a tu lado y recibiendo tus enseñanzas, para así, poder trasmitirlas a nuestros hermanos, como lo hicieron ellos, para la Gloria de Dios Padre. 

Amen.